SANTA IGLESIA APOSTÓLICA PRIMITIVA, CATÓLICA Y ORTODOXA

La Santa Iglesia Apostólica Primitiva, Católica y Ortodoxa, es la comunidad de servidores del Santísimo Salvador, por El instituída, fidelísima a Sus Enseñanzas y viviendo, a ejemplo de El, en el ejercicio permanente de Amor a Dios, que se expresa, de una parte, como el lo hizo, en el Amor al Prójimo, y de otra parte, como el también lo es, en el culto público de labor y de gracias a Dios Padre y de submisión a Sus Leyes.

Sunday, April 02, 2006

SANTA IGRESIA APOSTÓLICA PRIMITIVA,
CATÓLICA Y ORTODOXA
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Del Sacrario del Pro-Patriarca Ecuménico
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Una Mensage de Fe y de Orientación
al Pueblo de Dios.

01. Definición


La Santa Iglesia Apostólica Primitiva, Católica y Ortodoxa, es la comunidad de servidores del Santísimo Salvador, por El instituída, fidelísima a Sus Enseñanzas y viviendo, a ejemplo de El, en el ejercicio permanente de Amor a Dios, que se expresa, de una parte, como el lo hizo, en el Amor al Prójimo, y de otra parte, como el también lo es, en el culto público de labor y de gracias a Dios Padre y de submisión a Sus Leyes.

02. Situación y Principio.


No mantiene línea de subimisión o supremacía en relación a cualquier otra comunidad eclesiástica. Es la Iglesia Primordial – Primitiva – y, como tal, independiente y soberana. Proclama la eterna solicitud de Dios en relación a todos Sus Hijos – sin descriminaciones, sin exclusiones, sin preconceptos de raza, de color o de nacionalidad.

03. El Cristo Eterno.


Proclama el Cristo Eterno, desde siempre existente, vivo, operante y amoroso “por el Cuál todas las cosas fueron hechas, y nada de lo que fue hecho, fue hecho sin El” (Juan, I,3)

Esta verdad, olvidada de muchos, es el testimonio mayor del Amor de Dios a toda Su Creación, y de modo especial, a la Humannidad. El Cristo Eterno, ultrapasa, sin disminuírlo, al Cristo encarnado en Palestina, Jesús, Príncipe de Judá, Hijo de David. Antes, de Él da un testimio de grandeza impar, de misión eterna, y de eterno amor a Su Pueblo.

04. Evolución.


Es cierto que el Pueblo de Dios, viene evolucionando, ascendiendo a niveles más altos de espiritualidad, de discernimiento y de ciencia. Nadie, hoy en día, en su consciencia, osaría negar esta lenta evolución, cíclica, trabajosa, tal vez muy sufrida – más permanente, contínua, luminosa.

Hoy, muchos problemas son vistos, muchas faltas son evidenciadas en el comportamiento humano, estremeciendo a algunos, entristeciendo y haciendo daño a muchos – es justamente, porque se alteró el nivel ético del Pueblo, que observa, de modo claro, errores y franquezas, hipocresías y mentiras, son más facilmente visualizados. Se evidencian como los distantes cuerpos celestes, ante las poderosas lentes de los observatorios.

Hubo tiempos, dentro de la propia Civilización Cristiana, en que los crímenes sucedían a la vista de todos, practicados (¡hasta!) en nombre de Dios, y por muchos de aquellos que se consideraban – y eran acreditados – ¡como delegados de El en este Mundo!

05. Actitud Fraterna


¡Decir esto no significa acusar a otros!, no significa negar las propias faltas y errores, acontecidos y practicado en otros tiempos, ni significa tan poco huir de nuestra propia realidad y responsabilidades a todo lo que sucedió!
Más bien al contrario, significa asumir esa realidad y esas responsabilidades, en el justo objetivo de reparar errores y corregir injusticias. Significa también, desde un punto de vista cultural, sobre-ponerse a gnosis ultrapasadas, y aceptar, a par de la Eterna Providencia de Dios y de Su también Eterna Solicitud, el acto de una evolución que continuamente se realiza, y se continuará realizando hasta que sea alcanzada la Felicidad Perfecta, que es la Redención en El.

06. Encuentro final.


En ese encuentro final con Nuestro Creador está el ápice de nuestra realización, como Ser Libre y Racional, de nuestra paz y de nuestra alegría, el momento final de un largo caminar a través de los milenios. Por eso, es lícito decirse: venimos de lejos y vamos para el infinito.

07. Nuestra realidad.


Importa reconocer que no fuimos creados para una aventura moméntanea aquí en este nuestro gran (para nosotros), pero muy pequeño, para Dios. Impora reconocer que no somos la mera resultante de una eventual unión entre dos seres – pero somos, eso si, caminantes en dirección a la Casa de Nuestro Padre.

No somos actores de un drama previamente esbozado y planeado por alguien, ni la resultante del error de algunos, o de un drama cósmico – más seres libres a evolucionar y a rescatar sus propias faltas, sintiendo el beneficio de sus propios aciertos, todo sobre la esplendorosa Luz de Dios y Protegidos por Su Infinito Amor.

08. Fidelidad


La Santa Iglesia no perdió ninguna de las palabras de Cristo. Ella ve al Salvador como siempre debería haber sido visto – ¡en la plenitud de Su Sabiduría, de Su Grandeza y de Su Eternidad!. Ella no se encerró en la oscuridad, con temor a lo que vendrá, ni se esclavizó en prejuicios culturales. Se abrió a un influjo del Divino Espíritu Santo, ¡cuya asistencia le fue asegurada por Cristo, y que se expresa entre el Pueblo de Dios, y en ese Pueblo!. Su Santa Jerarquía no ultrapasó los límites de Su Misión: proclamar la Palabra de Cristo, asistir a Su Pueblo y ejemplificar un comportamiento moldado en el de ÉL.

09. Respeto a la Libertad.


La Santa Iglesia proclama la inviolabilidad de la conciencia de cada uno, respetando, en los límites establecidos por Dios y por Su Pueblo, la Libertad que El dona a cada uno de Sus Hijos.

“Dios creó al hombre desde el principio, y lo dejo en la mano de su propio juicio. Le dio, eso si Sus Mandamientos y Sus Preceptos. Si quisieres observar los mandamientos, ellos te guardarán, y tu conservarás siempre la fidelidad que agrada (a Dios). El pone delante de ti el agua y el fuego, lanza tu mano a lo que quisieras. Delante del hombre está la vida, y la muerte, el bien y el mal;..” (Eclesiástico XV, 14-18)

La Santa Iglesia enseña, orienta y asiste, más no se inmiscuye en la vida íntima de nadie. Ese, es un recanto sagrado en donde apenas se hace íntima la realidad del ser humano, y la Misericorda y la Sabiduría de Dios.

No practica, pues, la Santa Iglesia, desde las origenes, cualquier tipo de confesión. Orienta, no juzga. Asiste, no oprime. Proclama, no impone.


“No cuentes tus pensamientos ni al amigo, ni al enemigo, y si cometiste algún pecado no lo descubras
, porque te escuchara y se guardará de ti, y aparentando disculpar tu pecado, te aborrecerá, y estará siempre (hostil) a tu lado. ¿Escuchaste alguna palabra contra tu pójimo”…Muera dentro de ti…”
(Eclesiástico, XIX, 8-10)

10. Trayectoria diferenciada


Es fácil de constatar que la Santa Iglesia Apostólica Primitiva siguió uma trayectoria diferente de otras comunidades dichas cristianas. En ese camino permanecerá hasta el final de los tiempos. Ella no es apenas una Jerarquía Sagrada, es un Pueblo entero, que viene de lejos y va para más lejos, procurando obedecer la Palabra del Cristo Salvador, Reconciliador y Eterno.

11. La Palabra de Cristo.


La Santa Iglesia no acepta como verdades indiscutibles las definiciones proclamadas por asambleas, por más dignas de veneración que estas tengan sido, o que sean en los días de hoy. Para ella, la palabra de Cristo, prima sobre todo. De los enviados de Dios a este mundo, solamente Él, por Su realidad, era incondicionado. Su sabiduría se sobreponía a todos y a todo. Los textos, de los libros, que se opongan a lo que El proclamó, no integran el patrimonio eterno de orientación, de iluminación, y de redención del Pueblo de Dios.

Si a veces, para ser comprendido, El empleó, tradiciones y símbolos propios de la cultura local en donde cumplía Su ministerio, eses textos son claramente indetificables. No se trata, aquí, de asemejarse al Divino Salvador en nuestras limitaciones teológicas, filosóficas y sociológicas, más de colocarnos, con nuestras limitaciones y pobreza, lo más próximo posible de Su Eternidad, de Su Grandeza, de Su Origen y de Su Sagrada Misión

12. Apostolicidad de la Santa Iglesia.


La Santa Iglesia es Apostólica por ser la continuación del ministerio de los apóstoles, constituído y ordenado por Cristo y destinado a preservar y proclamar Su Mensaje hasta en fin de los tiempos.

Es Apostólica también porque, según la concepción tradicional, deriva de ellos por una ininterrumpida línea de sucesivos proclamadores del Evangelios, consagrados unos por otros, por la imposición de las manos.

13. El Sacramento de la Orden


La Santa Iglesia reconoce, pues, y enseña la validez del Sacramento de la Orden, según el concepto que se hace por tradición y que testimonia algo de especialísima valía y fuente de preciosos dones y de significativo misterio. Más no hace de esto un argumento de vanidad, para sobreponerse a otros. O para juzgar, condenar y proclamarse mejor. Reconoce plenamente que Dios puede ordenar ministros Suyos por otros medios, directamente sobre Su Pueblo, y suscitando servidores fidelísimos, dónde quiere que El así considere necesario.

14. Iglesia Primitiva


La Santa Iglesia es Primitiva por ser, en su realidad histórica y en su ministerio, en cuanto este es proclamado, asistencia y ejemplificación – la continuación de la Iglesia Primitiva, sin disputas filosóficas, teológicas o litúrgicas, atenta apenas a las enseñanzas de Cristo. Son estas; el alma de la Santa Iglesia. Transmitirlas y ejemplificarlas es Su Misión, y Su Empeño, es el trabajo de Sus Ministros y de todo el Pueblo de Dios.

15. Catolicidad


La Santa Iglesia es Católica en el cumplimiento de la orden del Salvador; ir a todo el mundo y predicar el Evangelio de la Redención (¡no de la exclusión!) a toda criatura. La palabra “católica” no es propiedad de esta o de otra comunidad. Es una designación histórica que da testimonio de una misión. No indica o significa “dominio universal”. ¡Ninguna comunidad religiosa lo posee!. Indica, si, una vocación de universalidad.

16. Ortodoxia


La Santa Iglesia es Ortodoxa, por una razón basilar es mayor que todas: ella mantiene la verdadera recta fe, aquella enseñada y proclamada por Cristo, en toda Su realidad, destinada a todo el Pueblo de Dios, indiscutible en su contenido espiritual y ético.

Esta Ortodoxia se sobrepone a cualquier otra: nada existe más importante y más significativo que la Palabra del Santísimo Salvador

17. Diferencias


En este aspecto de cualificación es necesario destacar algo: la Santa Iglesia Apostólica Primitiva no desea, y jamás quiere asimilarse a otras iglesias ditas ortodoxas, Son muchas y profunda las diferencias entre esta Santa Iglesia Apostólica Primitiva, Católica y Ortodoxa, y otras con semejantes designaciones.

18. Ecumenismo


Nosotros proclamamos la necesaria y justa unidad, en el mutuo respeto y en la mutua caridad, entre todos los hombres que trabajan por la promoción de los valores humanos, y el consecuente crecimiento del Pueblo de Dios. Del concepto de Pueblo de Dios no excluímos a nadie rectamente intencionado. Para la Santa Iglesia; un Musulmán, un Judío, un Budista, y cualquier otro – que vivencie la redención del Amor de Dios y del prójimo en su consciencia y en su corazón – es integrante de ese Pueblo Electo.

19. Bautismo en El Espíritu Santo.


Ser bautizado, para nosotros, no significa apenas ser sometidos, o someterse a un acto litúrgico, ¡convencional y exterior! Hay muchas formas de bautismo – más en todas ellas lo que importa, lo que da fundamento y valor eterno, es aquella transformación que se efectúa en aquél que se abre a la Gracia de Dios, que lo acepta como su Padre y Señor, con todas las responsabilidades, misión, servicio y gracias de ahí generadas.

Es un acto íntimo, una transformación profunda, un momento de iluminación, de adhesión, de proclamación de fidelidad a la Ley Divina. Es un instante de intimidad, de mutua aceptación – si así es lícito decir – entre el Ser Humano y Su Creador.

20. Aceptación del Cristo Eterno.


La aceptación del Cristo Eterno, por el Cuál “todas las cosas fueron hechas” (Juan I,3), permite y autoriza este modo de creer. Esta transformación profunda, en cualquier lugar que ocurra, es el verdadero bautismo en el Espíritu Santo. O sea, por el Poder de Dios, y por la límpida disposición del Ser Humano. No es un Acto Litúrgico, público y social. No es algo que se realiza en un espacio físico, en un templo construído por hombres. Es algo que se realiza en el Templo del Divino Espíritu Santo, o sea, en el Alma y en la Consciencia de quien hace por merecer esa Gracia.

21. El Bautismo Ltúrgico.


Esto en nada disminuye el valor y el significado del Bautismo Litúrgico o para-litúrgico, de la asamblea justamente denominada cristiana. La Santa Iglesia lo realiza cumpliendo el mandamiento del Cristo. Cuando se bautiza una criatura, se recibe esa criatura en el seno de la Comunidad, invocanco sobre ella todas las gracias decorrientes del Sacramento, que son dádivas exclusivas de Dios y ( esto es importante señalarlo) colocando esta criatura sobre la protección, la orientación ética y asistencia, si fuera necesario, de la Comunidad Eclesial. Por eso, y especialmente por eso, el bautizo de una criatura es un acto litúrgico, público, donde hay testimonios de responsabilidad, asumida y personas que asumen esa responsabilidad, más allá de los padres y junto a ellos: los padrinos.

22. La Confimación.


Ya la Confirmación, que en la Iglesia Primitiva, se realiza mas tarde (lo que también la diferencia de otras iglesias denominadas “ortodoxas”), debe, idealmente, espiritualmente, corresponder aquella época, o aquel tiempo en que el Ser Humano acepta y proclama su filiación divina, su fidelidad y su devoción y submisión a las Leyes de Dios. Es, en otras palabras – o debe ser- un acto significativo de una mayoria espiritual y de una asunción pública, litúrgica, de compromisos y de fidelidad a Dios, en todos los sentidos, y de respetuosa integración en la comunidad en que vive.

Es igualmente un momento en que la Iglesia responde a ese acto de fe publicamente realizado, y de compromisos de fidelidad libremente asumidos, implorando de Dios la Gracia Divina y su protección sobre quien a El se confía integralmente.

Esto para hablar, de modo simple, sobre los aspectos sociales, comunitacios, del Sacramento de Confirmación, sin referencias – por conocidas – las Gracias Espirituales que el Santo Sacramento infunde en quién lo recibe devidamente preparado y su conciencia.

23. De la Eficacia de los Sacramentos.


Aquí, destaquemos: nadie puede desconocer que los Sacramentos y otros Actos Sacramentales, tradicionalmente celebrados por la Santa Iglesia, solamente son saludables, eficientes, operantes, cuando quien los recibe es con la disposición espiritual necesaria y conveniente. Sin esa disposición, se limitan los actos litúrgicos con apenas un significado exterior, que puede momentaneamente atender a intereses sociales, meramente de este plano de vida, más que nada significan delante de Dios.

24. Exclusiones.


De este principio apenas se excluyen aquellos sacramentos y sacramentías realizados en las intenciones de quien aún es, o está en estado de inconsciencia, en que la Santa Iglesia invoca ayuda, bendición y protección de Dios. En estos Actos, la Santa Iglesia Pide a Dios que otorgue Su Gracia y ejercite Su Misericordia. Así, ejemplificando, en el Sacramenteo del Bautismo de criaturas, o en el Sacramento de la Unción de enfermos ya en estado grave. Es el ejercicio del Amor de Dios por el Amor al Próximo, siempre de una valía inestimable.

25. Consagración Comunitaria.


En el Sacramento de la Orden, la Santa Iglesia sigue, siempre que es posible, una tradición propia, que no es una Regla Canónica, mas que tiene un valor muy especial y una siginificación propia, social y espiritualmente considerando ese Acto Sagrado.

Nos queremos referir a la Consagración Comunitaria, que es celebrada por la Comunidad en la que va actúar el Ministro electo, o por la Comunidad de origen, si se trata de misionarios para regiones específicas.

Es la continuación, en términos renovados y adaptados a otras circunstancias, de la primitiva elección de diáconos, presbíteros y obispos en los primeros siglos del Cristianismo.

Saturday, April 01, 2006

26. El Sacerdocio de los fieles.


La Santa Iglesia acredita y proclama que todo fiel cristiano, que libremente y en su consciencia buscó y recibió el Sacramento de la Confirmación, sea en un Acto Litúrgico público, sea por Gracia Especial del Divino Espíritu Santo, participa del Sacerdocio como integrante de la Comunidad Eclesial.

27. De la Acción Litúrgica de los Fieles.


De otra parte, confirmando la elección de un ministro y proclamanto su aceptación y su compromiso de respeto y acatamiento al nuevo elegido, el Pueblo de Dios celebra publicamente un Acto Litúrgico, de extraordianrio significado y belleza espiritual, en que un grupo de miembros en plenitud en la Comunidad Eclesial, por ella escogido, o conforme a las circunstancias, indicados por la Santa Jerarquía, durante la celebración de la Divina Liturgia impone las manos sobre el nuevo electo, invocando sobre el la asistencia del divino Espíritu Santo.

28. Significado de la Consagración Comunitaria.


Este Acto Sagrado corresponde a una Consagración en que el Divino Espíritu Santo es invocado para que oficie por la plenitud de Su Poder.
Desde ese momento, en el respeto de la asistencia espiritual prometida y garantizada por la Divina Gracia, el nuevo ministro es reconocido plenamente y ordenado para el Sagrado Ministerio.

29. Razón de la Consagración Comunitaria:


La Santa Iglesia acredita que ningún hombre, por más significativo que sea el Acto Litúrgico de Ordenación o de Consagración, puede situarse como canal único de transmisión de los poderes específicos de la ordenación y de la inherente Gracia Divina. Enseña, pués que el Divino Espíritu Santo es el Liturgo Principal, el otorgante de todo poder y autoridad, y puede hacerlo independientemente de cualquier presencia humana. Entretanto, en atención a antiguos cánones, y considerando aspectos comunitarios, sociales y de jerarquía, es que aquí la Santa Iglesia preserva, como principio fundamental y necesario de Su Santa Jerarquía, la Ordenación y las Consagraciones Litúrgicas.

En consecuencia, después de un período relativamente breve, todo Ministro que recibió la Consagración Comunitaria y, por tanto, fue autorizado y reconocido por la Comunidad, recibe – en la forma del Derecho Canónico y de la Tradición – La Consagración Litúrgica.

30. De las Limitaciones Ministeriales.


Los Ministros de la Santa Iglesia, encuanto apenas consagrados por la comunidad, sufren algunas limitaciones en el ejercicio de su ministerio. Acerca de estas limitaciones, de orden espiritual y canónica, no cabe, poner aquí, observaciones más profundas.

31. Aspecto Histórico de la Consagración Comunitaria:


Apenas, a título de ilustración, es lícito decirse que esa bella y sagrada Tradición de las “Consagraciones Comunitarias” surgió hace mucho tiempo, por el S. VII. La Santa Iglesia, a partir del Concílio de Constantinopla, en el 681, se enfrentó a persecuciones y sacrificios inauditos. El Pueblo Mardaíta, principal núcleo que se preservó fiel a la Bula Ektesis (Exposición), del Santo Emperador Heraclio “El Grande”, y que constituía un elemento militar de especial valor para la defensa del Sacro Imperio, de Oriente, fue entonces tratado de un modo especial; esperaba emplearlo en la defensa del Estado, en dónde se hacía muy necesario, y observando también extinguir su Cristología, considerada herética por el referido Concilio, fue, en épocas sucesivas, disperso para regiones distantes.

32. Resultado de la Dispersión:


Con la Gracia de Dios, el resultado fue negativo para la otra “Ortodoxia”: junto a cada grupo envíado para las distantes regiones (y hasta para los propios Balcanes), iban, discreta y de forma anónima, sacerdotes, y a veces, también obispos. En consecuencia, se expandió por varias regiones la Cristología y el esíritu libertario de la Nación Mardaíta. Si, por algún tiempo, dentro de las fronteras del Imperio, no se oyó hablar de la Santa Iglesia, esta se preservó secretamente en muchos lugares, e incorporó, también grupos de otras etnias.

33. Apelo a la Gracia de Dios:


Algunos de esos grupos, no disponían de obispos consagrados litúrgica y canónicamente, según las reglas tradicionales. Se valieron, entonces, como también lo hicieran otras comunidades perseguidas, de un pedido de asistencia directa del Santo Espíritu de Dios. Surgió así, de esa necesidad primordial, el Sagrado Rito de la Consagración Comunitaria.

Esas comunidades permanecerán anónimas y fieles hasta el adevenimiento de la libertad religiosa.

34. Testimonio de Gratitud.


Importa aún decir, en un testimoniio de gratitud y de reconocimiento de la Infinita Asistencia y Sabiduría de Dios, que se preservaran dos líneas publicamente reconocidas de la Santa Iglesia oficial del S. VII, ambas sobre la autoridad de Príncipes Musulmanes: la de los Patriarcas Maronitas, en el Líbano, y la de los Pro-Patriarcas Sirio-Bizantinos, en Mesopotamia, Irán y Africa.

35. En la Adversidad:


En muchos momentos recibió la Santa Iglesia, en siglos posteriores, la protección de cristianos paulinistas, jacobitas, coptas, armenios, abrahamitas y otros. Eran comunidades perseguidas y sacrificadas, que mutuamentes se amparaban en la adversidad

36. Da Previdencia e da Providencia de Dios:


Tal vez todo eso formase de la previdencia y la providencia de Dios. La Santa Iglesia se preservó en Su Fe, adquirió una visión de ecumenismo, se abrió enteramente a la Gracia de Dios, confió obstinadamente en Su asistencia, y siguó por un camino propio de Sabiduría e Iluminación.

37. En la Clandestinidad:


Durante un largo tiempo, en varios lugares, se constituye la Santa Iglesia en una Orden Arcana. La Cripto-Ortodoxia Latina es un ejemplo de eso. La verdad del Cristo Eterno se hacía presente y operante. Mismo sobre el peligro del martírio, de la hoguera, del destierro, del sacrificio máximo – hombres y mujeres fidelísimos al Santísimo Salvador abrazaban la Fe, conducían a otros al Camino, y tomaban viva y permanete la Proclamación del Evangelio de Cristo, según la Voluntad de El.

38. Labor y Gratitud:


A esos Hombres Santos y a esas Mujeres Santas, cuyos descendientes integran hoy la Santa Iglesia, o dan testimonio en otras comunidades hermanas, registramos aquí nuestra loable y eterna gratirud. Gracias a Ellos, y a pesar de eventuales diferencias teológicas, el Mandamiento Nuevo del Cristo se mantiene presente en la conciencia de miles de fieles.

39. Un Espíritu de Fidelidad:


La Santa Iglesia no eleva condena a quien quiera que sea, ni a personas individualmente, ni a otras comunidades eclesiásticas. Ni podría hacerlo, porque estaría contrariando su propio espíritu, que es la orientación devenida del Santísimo Salvador, y estaría a ultrajar su propia Historia – que siempre fue un testimonio de fidelidad a la eseñanza de Cristo.

40. Una Diferencia Basilar:


Es justo expresar, por, que en cuanto otras iglesias olvidaron el Mandamiento Nuevo, ápice de Su Mensaje, la Santa Iglesia Apostólica Primitiva, verdaderamente Católica y verdaderamente Ortodoxa, se mantiene fidelísima a ese príncipio áureo, proclamado por el Santísimo Salvador.

“ Os doy un nuevo mandamiento, que os améis los unos a los otros,
Y que, así como Yo os amé, vosotros os améis los unos a los otros.
En esto sabrán que sóis Mis discípulos, si os tuviérais amor unos a otros”
Juan, XIII, 34

41. Reverencia y Justa Gratitud.


Cabe aquí una palabra de reverencia y de justa gratitud a aquellos Jerarcas de otras Iglesias Apostólica que – en tiempos pasados y actuales- ejemplificando un espíritu de sadio ecumenismo, despido de propósitos de supremacía, dieron su apoyo a la Santa Iglesia, y, en varios lugares del mundo, fraternalmente colaborarán y contribuirán para la restauración del Sagrado Ministerio, en la fiel observancia de la tradición canónica.

42. Una Mensaje Propia:


Cabe también decir que la Santa Iglesia no es apenas una iglesia y más, entre las muchas que prestan servicios al Pueblo de Dios. La Santa Iglesia Apostólica Primitiva, Catóica y Ortodoxa, tiene una mensaje que le es inherente y diferenciativa, no apenas, porque preserva la simplicidad y la fidelidad de la Fe, que ilumina desde siempre a los Cristianos Primitivos, como también porque cogió por la gracia del Espíritu Santo, a través de los siglos una iluminación propia, plenamente espiritualista – en el mejor sentido – dejando al margen de los caminos costumbres hoy inaceptables y gnosis ultrapasadas

43. Dejando la Pobreza Humana:


En fin, dejemos de lado toda la pobreza humana que constituye, en muchos casos, para otros, algo inviolable y sagrado. Gracias a la presencia de hombres y mujeres santos y sabios, la Santa Iglesia preservó, en el receso de Sus Sacrarios, en la conciencia y en el corazón de Su pueblo, un Cristianismo que, a semejanza de aquel de las origenes, dispensa creencias, supersticiones y devociones que desfiguran la Recta Fe que debe orientar y animar al Pueblo de Dios.

44. Una Sólida Piedra:


Cuando, en el inicio del siglo XVII, surgió la Orden del Cristo Reconcilidador, dicha de la Unidad Apostólica, de la que resultarían los Pro-Patriarcas Unionistas, sobre la égida de hombres sabios e ilustres, una sólida piedra estaba colocada en la Obra de Proclamación Santa. Sin duda, era una Providencia de Dios, una dádiva significativa para Su Pueblo, un instrumento de acción apostólica, un consuelo para antiguos dolores y sufrimientos.

45. El Eterno Renacer de la Verdad.


¡El eterno renacer de la Verdad allí se reiniciaba!. Como también se reinició y se hizo presencia efectiva en otros lugares. No siempre en el contexto de la Santa Iglesia, más siempre en el servicio del Pueblo de Dios y del Enterno Señor.

46. La Acción del Espíritu Santo.


La acción del Espíritu Santo siempre se hace eficiente. El mismo en Jerarquías enduricadas y casi esclerosadas por el ejercicio excesivamente largo de un poder discricionario, ¡el Señor actuó!. Suscitó hombres fieles, que a partir del interior de esas jerarquías, romperan ligaduras, buscaran nuevos horizontes y plantaran simientes de fraternidad.
Gracias a esos hombres, inscritos en el Divino Rol de los Servidores Fieles, esas jerarquías hoy caminan y hacen, dentro de su propia realidad y tradición, eso si proclamando valores renovados, sobre la luz radiante de Dios, ¿Quién , en su consciencia, puede negar la poderosa acción del Espíritu Consolador?

47. Servidores Fieles en todas partes:


Se renueva, en Mi Espíritu, aquellas palabras santas y de eterno significado:
“Todo lo que fue hecho, fue hecho por El. Y nada de lo que fue hecho, fue hecho sin El.”

Dios suscita servidores fieles en tantos lugares que sería de ignorancia considerarnos ¡los únicos!. Lejos de Nós tal vanidad y tal pretensión. Cuantos más servidores atentos surjan, mejor para la obra de construcción del Reino de Dios.

48. Gratitud al Señor:


Agradecemos a Dios por todos los hermanos que, en El, trabajan por Su Pueblo y para Su Gloria. Y pedimos especialmente por aquellos despidos de fanatismos y preconceptos – siempre abiertos a la acción del Espíritu y siempre guiador por el Amor de Dios y del prójimo.

49. Nuestro Espíritu:


En cuanto a Nós, sirva de justificativa y de directriz una plena fidelidad a El, una justa dedicación a Su Pueblo, a Nuestros Hermanos, y una permanente solicitud por la construcción de un Mundo Mejor, por la elevación de Su Imperio en todas las consciencias.

¡Que Dios a todos Bendiga copiosamente!
A El, ¡trabajo y gratitud ¡


De nuestro Sacrario, a los 06.01.2006 A.D.

Dom Saul Kaesar Augusto, O.S+G.,
Dei Humilissimus Servator